12 ago 2010

EL PARAÍSO

El paraíso.


Se alzó el mazo a favor 
de la perpetua sentencia
que el buen hacer 
no rebaja, 
el delito no trasciende 
mientras sigamos construyendo 
barrotes en nuestro corazón.

Somos jueces
en justificación de nuestros actos.

Contamos con penas tan largas 
como la vida. Hacemos 
de nuestros errores
caminos con celdas impenetrables
y ponemos candado a todo
cuanto amamos y,

nos amó.


Hemos encontrado la libertad
en un paraíso encarcelado. 


© Begoña M. Bermejo

ÉGAL

I

Soldado locuaz
de ruinas, piedras dolientes
a vista de pájaro.
Taller de macros en cuesta
delineados a cuerpo
desnudo.

Indulgencia cae.

II

Se anclan las moradas vacías
en llenos incomparables de ti
Angostos relinchos
en el pulcro hastiado de todo

Qué le paso a la voz, di.
Diferente, aguardada al ruido,
callada al son, ¿viste?
No olvido, nada eres.

III

Callado. Apatía en los movimientos
lento, roto, vida en su fin.
Cartones de neófito en espera,
cajas desiguales, falto.

Ya se cuaja: mandrágora de lodos,
labios vespertinos, pendón a media
asta. Donde llegue.

Begoña.