7 abr 2010

El amante del poema





El amante del poema


La inicial de los versos
fragua el deseo del amor
en grandes tormentas

Una participación vertiginosa
en el juego de las fantasías,
mantiene a los Brujos
en la cúspide de
las entrañas,
a la arritmia del latir
entre ecos
que se envuelven en un quizás
donde el insomnio,
se hace fuerte.

Es el amante del poema
que sin callar,
se mantiene en las sombras
permitiendo,que las letras fluyan.

Begoña M. Bermejo

Canta conmigo amiga


CANTA CONMIGO AMIGA




¡Canta conmigo amiga!

¡baila en la arena de la amistad!

¡baila sin pausa con el alma llena!

¡canta, canta conmigo amiga mía!



Hoy el día se levanta sin tregua

amaneces despierta

te estiras perezosa.

Alivio sentimos en la caricia en nuestro regocijo



El día amanece

Mi sueño no retrocede

tu sueño está ahí

esperando ser alcanzado por el buen amar



En los brazos del amor

que esperas encontrar

cobijas el regalo de la tierna amistad



¡No esperes ya!



El amor, eres tú

El sueño llega

El día se despierta

La caricia llega con el rayo que entra

por la ventana abierta.

©Julián Melero

5 abr 2010

Perfume de Felonía

Perfume de Felonía

Caminé por las laderas de la luna
esquivando con argucia
la arena blanca de los cráteres.

La atmósfera era tan espesa
que mantuvo la huella
intacta en el tiempo.

Ahora mis labios
rehúyen los besos que hablan
del secreto
del perfume de felonía.

Begoña M. Bermejo

Mandrágora



Mandrágora
Cuando la noche se apaga,
la mandrágora se marchita.
Quedan, nebulosas de espuma
que el viento se lleva
lejos, muy lejos,
para convertirse
en astros escritos.

No deja de ser magia.

Begoña M. Bermejo

¡Descreida Aventura!


¡Descreída Aventura!

Margen abierto a la izquierda
a la misma sombra
en el mismo eje.

Acuso mi semejanza
para abocarme a la orilla
¡que torpeza!

Mejor, camino al lado que me ocupa
para poco a poco
abrir mi vereda.

No desecho puentes próximos
que cedan peldaños al cruce
pero aseguro con cuerdas los lados
que no ahorquen.

¿Permaneceré seca
al cruzar el riacho?

¡Descreída aventura!

Begoña M. Bermejo